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Belleza y exuberancia. Es un clásico, una de esas ciudades que hay que conocer sí o sí. Para muchos es un destino casi trillado, pero quien todavía no haya conocido esta ciudad entenderá, con sólo pisarla, por qué la llaman “Maravillosa”. En Río de Janeiro todo abunda, todo es exuberante, todo transmite buenas sensaciones; sí, todo es maravilloso. En esta edición nos trasladamos a la ciudad que sigue enamorando al mundo entero, la ciudad del eterno carnaval.
 
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Por José Medrano

Río de Janeiro está cerca, pero sus diferencias se hacen notar no bien se llega a la ciudad: el idioma, la geografía -sus morros, sus costas, sus mil variedades de verdes-, la gente, esa que sonríe siempre, que tiene calor, que anima las calles y que le da color a todo. La ciudad se impone y, a medida que el turista se adentra, sus maravillas no tardan en hacerse ver. El grandioso Cristo Redentor, visible en el horizonte desde casi cualquier punto, el Pan de Azúcar con cables que unen el llano con la altura y hasta sus afamadas favelas -el costado pobre de la ciudad- que los cariocas supieron capitalizar a puro color. Pero Río tiene mucho más para mostrar: sus íconos turísticos son solo una parte de sus atractivos.

GOLPE DE VISTA: EL MAR
Si hay algo que es perfecto en Río es el mar: sus playas de arenas blancas y aguas increíblemente azules se parecen más a las de una isla desierta que a las de una gran ciudad. Lo que al turista le mostrarán de entrada es el tramo que va de Copacabana a Leblón. Copacabana se caracteriza por su estilo portugués, con baldosas blancas y negras de tan característico diseño que recorren la Avenida Atlántica. Más allá del mar con sus morros perfectos, es también uno de los barrios más lindos y cosmopolitas. Aquí se celebra la tradicional quema de fuegos artificiales del Año Nuevo, famosa en el mundo entero. Siguiendo la línea del mar está Ipanema, uno de los puntos de encuentro preferidos y una de las zonas que reúne lo mejor de Río: tiendas, bares, restaurantes y su afamado “Puesto 9” sobre la playa. Por aquí también está el Arpoador (que hace puente natural entre barrios), paraíso de los surfistas y punto clave para ver las mejores puestas de sol. Finalmente, Leblón, uno de los barrios más caros y exclusivos, que hace de continuación de la playa de Ipanema, separada por el canal que une el mar con la Laguna Rodrigo de Freitas. Todo este tramo también está repleto de bares, restaurantes, tiendas callejeras y hoteles.

LAGOA
Este barrio recibe su nombre por estar ubicado en la ribera de la Laguna Rodrigo de Freitas. Es uno de los puntos más lujosos y con mejor calidad de vida; todo a su alrededor es bello y ofrece cientos de actividades. Es difícil que pueda disfrutarse completa en un solo día, pues esta gigantesca laguna de agua salada, conectada directamente con el Océano Atlántico, tiene 7.500 metros cuadrados, rodeada por un parque de más de 20 hectáreas en el que pueden realizarse caminatas, recorridos en bicicleta por unos carriles exclusivos (que también se encuentran desde Copacabana hasta Leblón), patinar en el Parque dos Patins, hacer trekking y escaladas, o subir a uno de los famosos pedalinhos, pequeñas embarcaciones a pedal. También hay bares y restaurantes con diferentes tipos de comida, incluyendo por supuesto la típica y popular feijoada y el emblemático espeto corrido. Una característica muy típica de la ciudad son sus shows en vivo, que suelen darse tanto en los puestos de la playa como en varios restaurantes. Si pasea por la Lagoa y tiene tiempo, no deje de visitar el Jardín Botánico: de verdad lo vale.

BARRA DE TIJUCA
Es la playa más larga de Río de Janeiro y un paseo obligado para salir de Ipanema, Copacabana y Leblón. Sus aguas verdosas y con olas increíbles son ideales para amantes de los mares bravos. Todo Tijuca fue especialmente diseñado y está repleto de tiendas y centros comerciales. “Barra da Tijuca” es sinónimo de la naturaleza brasilera. Los principales atractivos dentro del barrio son la avenida Sernambetiba -que separa el mar de los edificios en una línea recta- y la Avenida de las Américas. Es imperdible conocer el Barra Shopping, el mall más grande de Latinoamérica, pero lo que realmente llama la atención es la naturaleza, las aguas impetuosas y la vegetación exuberante en medio de un incomparable clima tropical. No deje de averiguar por excursiones; las hay de todo tipo y precio.

LOS CLÁSICOS
Ir a Río de Janeiro y no visitar el Cristo Redentor es un sacrilegio turístico. Este monumento tiene 30 metros de alto y se encuentra a 710 metros de altura en el monte del Corcovado. Desde lo alto se puede tener una vista de 360 grados de la ciudad y los principales puntos turísticos. La estatua del Cristo, elegida en 2007 como una de las siete nuevas maravillas del mundo moderno, representa la fe y simpatía de los cariocas que reciben a los visitantes de la “Cidade Maravilhosa” con los brazos abiertos.
Nota: tenga paciencia al ir, suele haber largas colas para poder llegar a lo alto.
El Pan de Azúcar es el otro imperdible de la ciudad. El morro tiene un teleférico que lleva a los miles de visitantes hasta las alturas: la vista quita el aliento y también muestra una panorámica de la ciudad que convencerá a cualquier indeciso de la belleza sin par de Río. Si decide comer en la cima del Pan de Azúcar también podrá ver a curiosos monitos en busca de algún bocado; son inofensivos, aunque algo molestos. ¡Los chicos se van a divertir! La vegetación selvática en las alturas sorprende: nadie se va a cansar de sacar fotos.
Quizás el último de los clásicos sea el Estadio Maracaná. Para los amantes del fútbol es el punto máximo de la patriade “chuteiras” (botinera, digamos), el Estadio Mario Filho –como fue bautizado– guarda toda la memoria del fútbol brasileño. Fue inaugurado en 1950, eternizó grandes conquistas y es patrimonio turístico y cultural de Brasil. Recibió importantes nombres de la música, como Frank Sinatra, Madonna y los Rolling Stones, y su Hall of Fame es un homenaje a los 50 mejores jugadores que escribieron su historia.

CASCO HISTÓRICO
Aunque la mayoría de los turistas que viaja a Río no van en busca de edificios, en el centro histórico de la ciudad se concentran las construcciones más destacadas. Este punto tuvo varias transformaciones pero recién a principios del sigloXX fue cuando el centro de verdad brilló. Aquí se destaca la emblemática Plaza XV con la gran explanada donde se encuentra el Palacio Imperial, la muy moderna Catedral Metropolitana –más parecida a una pirámide azteca que a un templo católico– y el Palacio Tiradentes, un majestuoso edificio neoclásico que fue sede del Congreso Nacional mientras Río de Janeiro fue la capital del país.
Una zona ideal para comer o tomar algo es la Rua do Mercado y las aledañas Rua do Ouvidor, Rua do Rosário y Travessa do Comércio, pintorescas callecitas que aún conservan varias de las casas coloniales y en las que se abrieron todo tipo de restaurantes. Por último recomendamos visitar la plaza Cinelandia, en cuyo entorno se encuentran los imponentes edificios del Teatro Municipal, la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes.
Nota: el casco histórico se puede visitar con guías que hacen recorridas a pie y de manera gratuita.

LAPA Y SANTA TERESA
Si del centro se trata, una parada obligada es en este barrio, sinónimo de la cultura carioca y puente entre el centro histórico y el encantador barrio de Santa Teresa. Aquí se detiene la bohemia de la ciudad: artistas, músicos, escritores, Cristo Redentor Barrio Lapa y Santa Teresa poetas y simples transeúntes paran en estas calles para respirar un aire diferente. Por las noches, los Arcos de Lapa son uno de los atractivos más singulares de todo Río. Y así como en este barrio se encuentra la bohemia, en Santa Teresa se reservan los intelectuales. Se trata de un barrio encaramado en una empinada ladera de un morro que conserva bellísimas casas y palacetes que todavía pueden admirarse. Para muchos se trata del “Montmartre Carioca”. Existe un tranvía que desde el llano sube hasta una feria de artesanos que vale la pena visitar. Cuidado: perderse en esta zona luego de caer el sol puede ser peligroso.

CARNAVAL DE RIO
El Carnaval de Río reúne a más de 700 mil turistas que viajan expresamente para presenciar esta fiesta de cinco días. Fuera del Sambódromo, donde se hacen los desfiles oficiales, también es carnaval. En las calles de cada barrio de Río se siente la vibración de las batucadas. La samba, las renombradas playas de Ipanema y Copacabana, el Cerro Pan de Azúcar, el Cristo Redentor, los salones de baile, los bares y los cafés al aire libre, dieron fama mundial a esta festiva ciudad de Brasil. Si van a ir al momento de los desfiles, reserven con antelación: la ciudad explota con el carnaval; son cinco días que llevan 360 de preparación.


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