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Misterios y maravillas - Lleno de tradiciones, profundos arraigos religiosos y misterios ocultos, Marruecos es un destino cada vez más buscado por turistas de todo el mundo. Con costas en el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, se encuentra separado de Europa por el estrecho de Gibraltar y esconde maravillas históricas, arquitectónicas y naturales que dejan extasiados a los turistas que se acerquen a conocerlas.
 
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por JOSÉ MEDRANO

Marruecos cuenta con una población de más de 33 millones de habitantes, siendo las ciudades más pobladas Casablanca, Rabat y Fes. El 99% de la población es árabe-bereber y de religión islámica. Su territorio cuenta con cordilleras y altas montañas (4.162 metros la de mayor altura), llanuras y mesetas, espectaculares playas de clima mediterráneo y el árido desierto del Sahara.

Marruecos es un país de contrastes y conviene mirarlo con ojo crítico: uno se puede encontrar desde la gran opulencia a la miseria; desde las maravillas naturales a los grandes misterios de su vastísima cultura. Aunque está muy cerca de España (hay solo 14 kilómetros de distancia de Tarifa a Tánger), nada es tan distinto. Se trata de un país lleno de misticismo y ensoñación: se puede descansar en sus playas, visitar sus complejos hoteleros y sumergirse en su cultura milenaria. En este nuevo recorrido de Clubs & Countries encontrarán recomendados con opciones para todos los gustos.

MARRAKECH
Seductora como ninguna, se trata de una de las ciudades más importantes del país. Sus orígenes se remontan al año 1070 y, a pesar de haber sufrido distintas guerras, aún conserva algunas perlas de visita obligada como la majestuosa Koutoubia, o su plaza Jemaa El-Fna, declarada Patrimonio Cultural Universal por la Unesco. Pero si la idea es hacer un breve compendio conviene empezar por su medina, el barrio antiguo y el lugar perfecto para conocer la verdadera identidad de la ciudad; es aquí donde funciona un mercado repleto de tiendas de telas, especias y artesanías. Las rampas sobre las que está dispuesta la medina datan del siglo XII y forman parte del casco histórico principal de Marrakech. Hay que destacar también el fuerte costado religioso del lugar. La ciudad cuenta con más de 300 mezquitas de las cuales se destacan la de Koutoubia y la de Ben Youssef. La primera debe su nombre al zoco (mercado) de los libreros que se instalaban junto a sus puertas; mientras que la segunda fue reformada en el siglo XVI y es una de las joyas religiosas del país.
Entre sus museos, mencionaremos el Museo de Marrakech, auténtica perla arquitectónica de la ciudad; el Museo de Majorelle, famoso por su maravilloso jardín, su colección de arte islámico y los cuadros del artista francés que le da nombre; y el Bert Flint, con una increíble colección de arte del Valle del Sous y del Sahara.
Como dijimos la plaza Jemaa El-Fna es uno de los sitios más importantes de Marrakech, constituye un exponente vivo de lo que fueron las plazas en el Medioevo, lugares de encuentro para todo el mundo. Por la mañana, mercaderes venden cestos de mimbre, dulces o bijouterie, y por la tarde se suman dentistas, curanderos o escritores por encargo que se mezclan con músicos, acróbatas, encantadores de serpientes o bailarines. Este universo se vuelve fascinante con la caída de la tarde, cuando la plaza se ilumina con mil luces y se deambula de espectáculo en espectáculo. A su vez es posible comer en sus puestos que son realmente muy económicos y cuentan con maravillosos platos dignos de ser probados.

FES
Tres veces capital del país, este lugar es considerado el más religioso, espiritual y cultural del territorio. Fes es una ciudad muy tradicional que apenas cambió con el paso del tiempo, y precisamente eso le permite ser una de las más medievales del mundo actual. Una vez aquí es imposible no visitar su preciosa medina, la más extensa de Marruecos, y una de las más grandes del mundo entero: el lugar está lleno de callejones, preciosas mezquitas y medersas (escuelas del Corán). Entrar a la medina es como retroceder en el tiempo, en ella se hallan grandes zocos donde comprar una infinidad de objetos. Se recomienda contar con un guía para recorrerla, ya que es muy fácil perderse si uno no conoce el lugar.
Una de sus medersas más importantes es Bou Inania que fue construida en el año 1350 y que actualmente funciona como universidad residencial, pero todos los viernes se convierte en una auténtica mezquita que llama mucho la atención a quienes la visitan.
Además tiene un reloj hidráulico único en el mundo, cuyo sistema de funcionamiento es uno de los secretos mejor guardados de la ciudad. Finalmente, el Mellah es el barrio judío que está situado en la zona de Fes el Jédid, en donde siempre hay gran actividad, en sus calles los orfebres establecieron sus tiendas, que le dan vida al lugar.

AGADIR
Con amplias avenidas, modernos edificios y a menos de 300 kilómetros de Marrakech, esta ciudad es considerada la capital del turismo de playa dentro de Marruecos. Tiene hoteles tan lujosos que parecen salidos de Las mil y una noches y donde se puede disfrutar de la excelente gastronomía marroquí, practicar todo tipo de deportes y hasta acudir a un centro de medicinas alternativas. Sus trescientos días de media anual de sol la convierten en el destino ideal para unas vacaciones de playa aún en pleno invierno. Entre los lugares de interés se cuenta la Kasbah, un sitio rodeado de murallas a una altitud de 236 metros, que ofrece una magnífica vista de la ciudad.

CHEFCHAOUEN
Casas de cal azul, plazas animadas, callejones en pendiente; la mejor manera de conocer esta ciudad es paseando para impregnarse de su atmósfera. Incrustada entre dos montañas, Chefchaouen es una ciudad que se destaca por estar llena de casas pintadas de azul. Un potente encanto se respira en la plaza Outa-el-Hammam en la medina adoquinada. Sentado en la terraza de un café, se puede disfrutar de una hermosa vista sobre la gran mezquita Tarik-Ben-Ziad cuyo atalaya octogonal está inspirado en la Torre del Oro de Sevilla: una arquitectura andaluz que también encontrará en las construcciones y jardines dentro del corazón de la medina. Sus murallas y sus once torres, una de las cuales servía de torreón, albergan un interesante museo etnográfico.
En el pequeño museo de la Qasabah, también dentro de la medina, se encuentran colecciones de bordados e indumentaria colorida y variada, a imagen de la que llevan las mujeres de la región. Aquí se creó la famosa chilaba, esa prenda larga y amplia que llevan hombres y mujeres de África del Norte.
La medina de Chaouen, como la llaman los lugareños, es una de las más conocidas de Marruecos por el buen estado de conservación y su propia belleza. No hay que dejar de visitar el Rif Sebbarim, el barrio de los lavaderos, en la plaza donde se erige una mezquita del siglo XV.

GASTRONOMÍA
La comida marroquí reúne de un modo refinado verduras y frutas, especias aromáticas, pescados y carnes. Una extraordinaria cocina, famosa en el mundo entero, variada, rica y sana. Aquí, los principales platos que debe probar sin falta con un té a la menta, un placer que no se rechaza jamás.
Couscous. Probablemente el plato más conocido. Es el tradicional almuerzo familiar del viernes, pero puede encontrarse todos los días en los restaurantes. Está compuesto por sémola hervida al vapor acompañada de verduras, carne, pollo o pescado.
Tajine. Esta palabra designa al mismo tiempo el contenedor (plato de tierra cocida decorado con la típica tapa cónica) y el contenido (estofado de carne, de pollo o de pescado y legumbres). Pruébelo y verá por qué es el plato nacional marroquí.
Pastilla. Esta fina pasta de hojaldre, rellena de piñones, almendras y pollo es oriunda de Fes. Es el famoso "dulce salado" marroquí. También hay variantes con pescado e incluso con leche para el postre.
Brochetas. A la entrada de un zoco o al borde de una carretera, se preparan ante sus ojos los deliciosos y auténticos pinchos moros. Una delicia económica y rápida.

Mi luna de miel en Marruecos
Por Florencia Lisenberg

Catorce días en Marruecos me permitieron descubrir una cultura tan distinta a la nuestra que es casi inimaginable. Por empezar, la calidez y la alegría de los marroquíes me sorprendieron gratamente.
Antes de emprender el viaje mucha gente te advierte: “No te separes de la mano de tu marido”; “No vayan sin guía”; “Tengan mucho cuidado”, la realidad es que, según mi experiencia, Marruecos no es tan peligroso como todos imaginan. La gente es muy amigable y solo es necesario tomar los recaudos básicos, como en cualquier lugar.
Dentro de la cultura marroquí, una de las cosas que más me impactó fueron los lazos matrimoniales. Los marroquíes pueden casarse, por ley, hasta con cuatro esposas (cabe aclarar que al día de hoy está permitido el divorcio), pero hay un punto importante: el hombre tiene que tratar a todas sus esposas por igual. No puede, por ejemplo, dormir una noche con una y luego dos noches con otra, ni tampoco hacerle un regalo de 50 euros a una y uno de 100 a otra; todas tienen que ser tratadas de la misma manera, ya que la ley indica que “si no puedes tratarlas con igualdad, tendrás que casarte con una sola”.
Más allá de las esposas, los hombres también pueden tener concubinas. Hay solo una esposa que es la preferida o la Bahía como la llaman ellos: es la que le dio el primer hijo varón. Ella tiene un cuarto adicional (cada una tiene su cuarto pero ella tiene dos) y es la encargada de mantener el orden entre las esposas, para que no se peleen. Esto en la actualidad no sucede tanto por cuestiones económicas y de espacio: mantener a cuatro mujeres no es tarea fácil aunque, al día de hoy, cada vez son más las mujeres que trabajan por miedo a que les pase algo a sus maridos y ellas queden sin sostén económico.
También es notable que en las ciudades más grandes como Casablanca, Tanger o Marrakech, la cultura moderna gana terreno. Por ejemplo: a la salida de una escuela, aproximadamente 3 de cada 10 mujeres ya no llevan el velo tradicional.
Plasmar todas mis impresiones de Marruecos resulta muy difícil, pero quiero agregar que es un destino único, y que vale la pena conocerlo. Es un país con grandes contrastes, como imagino debe ser la India. Para despedirme les dejo mis recomendados, lo que creo no deberían pasar por alto si deciden emprender esta travesía al medioevo:
• En Marrakech, no dejen de visitar el hotel La Mamounia (el que aparece en la foto) al menos para tomar el té, es uno de los hoteles más lujosos y costosos de la ciudad, pero digno de ser recorrido (www.mamounia.com).
• Conviene regatear los precios siempre, hasta en los taxis, ya que suelen subir hasta un 70% el precio en comparación con lo que se termina pagando.
• En los zocos, sobre todo en los más grandes como el de Marrakech y Fes, recomiendo ir con guía, ya que es realmente difícil ubicarse en los callejones. Son todos muy parecidos y tienen los mismos productos (hay hasta pelotas de fútbol de Louis Vuitton, imitaciones por supuesto).
• Los que decidan ir a las playas de Marruecos, como Agadir y Essaoiura, definitivamente no se arrepentirán. Son los destinos más chic; el turismo de Europa que por ahí circula lo demuestra. Agadir para los españoles y franceses, es lo más similar a Punta del Este para los argentinos.
• Por cuestiones de tiempo, no llegamos a recorrer el desierto, pero conocidos que han ido, aconsejan no dejar de visitarlo.



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