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Redescubrir nuestra ciudad. Para los porteños o para quienes viajan todos los días a Capital Federal, la ciudad pasa casi inadvertida y solo tenemos para con ella quejas -por el tránsito, por el desorden, por la inseguridad, etc.- pero lo cierto es que dentro del caos del día a día hay, oculta y no tanto, una enorme variedad de sitios para disfrutar. Este mes homenajeamos a la mayor ciudad de la Argentina, para volver a recorrerla, redescubrirla y recomendarla. Buenos Aires tiene todo para ofrecer.
 
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Ciudad Autónoma de Buenos Aires, también llamada Capital Federal por ser sede del gobierno federal, es la capital de Argentina y es una de las veinte ciudades más grandes del mundo. Está situada en la región centro-este del país, sobre la orilla occidental del Río de la Plata.

Cuesta ponerse en la piel de un visitante cuando uno vive y sufre a Buenos Aires cada día, pero ahí radica el desafío de volver a descubrirla. ¿Cuántas veces nos detenemos frente al Obelisco, a la Casa Rosada o al Congreso de la Nación? ¿Cuántas veces preferimos encerrarnos en algún shopping en vez de pasear por el Jardín Botánico, el Museo Nacional de Bellas Artes o las ferias de antigüedades de San Telmo? Buenos Aires está ahí para nosotros, todos los días la construimos, la reformamos y somos, sin dudas, la cara más visible para quienes la visitan. Pensamos en hacer un circuito oculto sólo para entendidos, pero quedará para una próxima nota, en esta oportunidad queremos reivindicar nuestros tantas veces ignorados clásicos, aquellos que vienen a visitar desde todo el mundo: la Biblioteca Nacional, Caminito, el Kavanagh y el Congreso de la Nación, entre otros. Queremos revalorizar lo que tenemos más a mano, quizás para volver a disfrutarlo, mostrárselo a los más chicos o recorrerlo con turistas y amigos.

Ciudad de pobres corazones
Aunque la melancolía aparece como un fantasma en la idiosincrasia porteña, Buenos Aires suele ser vista como la ciudad que no duerme y hay mucho de cierto en esa afirmación, ya que jamás faltan centros de entretenimientos, un bar o un boliche abierto a cualquier hora. Pero si nos ponemos en la piel de un turista, hay que decir que nuestra ciudad es particularmente elegida por aquellos que quieren saber del tango, sus versos y su baile. Por eso es interesante recordar cuáles son aquellos sitios que homenajean a los grandes de la música y mantienen en alto su baile y la elegancia que mejor nos representa.
Muchos hasta se indignarían con la propuesta, pero bien vale intentar preguntarle a cualquier chico menor de 20 años si conoce el café Tortoni: la respuesta sorprende. Veamos entonces: si la idea es hacer conocer a nuestros hijos, a un amigo turista o simplemente volver, el Tortoni es quizás uno de los bares más tradicionales de la ciudad. Sí, posiblemente los precios sean para europeos pero bien vale la visita: el chocolate caliente, las medialunas, la música en vivo y el aire porteño que se respira. El tango, por supuesto, es parte del lugar, pero no es lo único. El Viejo Almacén, en Balcarce e Independencia, está ligado a la memoria del gran Edmundo Rivero y tiene además una excelente cocina. La Esquina Carlos Gardel, aunque siempre con legiones de turistas, también vale la pena: ubicada en la calle Carlos Gardel al 3200, frente al Shopping Abasto (en el corazón de Almagro) cuenta con una orquesta estable de piano, contrabajo, violín y bandoneón, tres parejas de bailarines y dos cantantes en una escenografía de puro tango. Finalmente, y sabemos que quedan muchos sin nombrar, el Café de los Angelitos es otro clásico: abrió en 1890 y por aquí pasaron los más grandes cantantes de todos los tiempos. De todos modos no dejen de visitar alguna vez El Querandí, La Ventana y más for export, Madero Tango, en Puerto Madero.

Los locos de Buenos Aires
El genial Alejandro del Prado comienza uno de sus temas más conmovedores dedicados a la ciudad con una descarnada descripción de su gente, que dice: “Uno está solo y espera, otro vive a su manera; otro ciego en su locura, y otro que no vive, dura; la ciudad los ama y qué…”. Aunque el cantante nos pide que tengamos cuidado con esa gente, desde estas páginas invitamos a conocerlos, bucear por las calles de Buenos Aires, donde todos, un poco alocados, nos movemos. Quizás sea la Plaza de la República, donde se erige alto nuestro emblemático Obelisco, un punto ideal para intentar marcar recorridos imperdibles de esta ciudad.
Si uno se dirige por Diagonal Norte hacia el bajo puede comenzar un paseo que desemboca en la Plaza de Mayo, lugar de encuentro que transpira democracia. Desde la Pirámide de Mayo, la Casa Rosada, la catedral y el cabildo, entre muchos otros edificios históricos de enorme relevancia invitan a paseos únicos: ni porteño ni turista pueden jamás obviar este lugar.
Diagonal Norte finalmente se encuentra con la Avenida de Mayo, que en retroceso llevará directamente al Congreso de la Nación (en algún punto del recorrido es interesante frenar y ver de un lado la Casa Rosada y del otro el Congreso). Los locos de Buenos Aires suelen apiñarse en estas dos plazas tan políticas. Esperemos que alguna vez reabra la confitería El Molino, en la esquina de Callao y Rivadavia. Los mayores sabrán explicar a sus hijos la importancia que tuvo el lugar.

Ciudad colonial, ciudad puerto
Pero quienes en vez de continuar por Avenida de Mayo decidan ir más allá de la Casa Rosada hacia el bajo tienen dos barrios que bien vale la pena conocer: la Boca y San Telmo. El por momentos olvidado barrio de la Boca creció alrededor del primer puerto natural que tuvo la ciudad: allí se asentaron muchos inmigrantes, sobre todo italianos, quienes le dieron su particular estilo. Acá, no está de más repetirlo, son de especial interés el puente Nicolás Avellaneda, la Vuelta de Rocha, el estadio del club Boca Juniors (la imponente Bombonera), el centro cultural Fundación Proa y, claro, Caminito. Vale detenerse en este punto, quizás el punto obligado en toda guía turística: Caminito es símbolo de la ciudad y del tango. Su trayecto sinuoso se debe a que originariamente fluía por allí un arroyo que desaguaba en el riachuelo, que debía cruzarse por un pequeño puente, por esto también a esta zona se la llama Puntin, que quiere decir precisamente puente pequeño en dialecto genovés o xeneize. A pesar de que a lo largo de la historia, la calle y el barrio sufrieron distintas agresiones, fue en 1950 que un grupo de vecinos, entre los que se encontraba el célebre pintor boquense Benito Quinquela Martín, decidieron recuperar el lugar: nueve años después el gobierno construyó allí la calle museo, con el nombre que le había puesto el tango, Caminito. Hoy, y en solo 100 metros, este pasaje reúne lo más pintoresco de la ciudad: paredes cubiertas de obras de arte, artistas de toda clase y techos de chapa que contrastan con fuertes colores. Nota: a pesar de que la noche en la Boca es interesante, hay que tener cuidado ya que no deja de ser un barrio inseguro. Y, salvo que vaya a ver un partido, no recomendamos ir de paseo los días que juega Boca en su cancha.
Por su parte, San Telmo es el barrio de los artistas, que fue centro de la ciudad hasta el siglo XIX, y que todavía hoy conserva todo su encanto colonial y buena parte de sus calles son áreas protegidas por pertenecer al casco histórico de la ciudad. Los domingos hay un interesante mercado de antigüedades en la plaza principal. El tango y el jazz predominan en sus bares y éste es, sin duda, uno de los barrios a visitar para quienes persiguen recuerdos. O acaso quien no quiere volver a recorrer la Plaza Dorrego, la calle Defensa, el encantador Mercado de San Telmo, sus casas de antigüedades, sus bares y restaurantes. Sí, San Telmo sigue ahí para nosotros.

Restaurantes y recorridos
Por supuesto que si de paseos se trata es impensable no recomendar el barrio de la Recoleta, que con los años parece haber mutado a un centro especialmente dedicado a turistas. A pesar de esto, quienes quieran disfrutar de una tarde de sol, el bar La Biela (Ortiz y Av. Quintana), es una joya que vale la pena conocer. Desde ahí, si uno se sienta debajo del imponente gomero que hay en la puerta, puede tener una apacible vista de la Iglesia del Pilar, el Centro Cultural Recoleta, el cementerio y la feria de artesanías. Este barrio es de una elegancia europea, está rodeado de locales de primeras marcas y no faltan opciones para divertirse e ir a comer. Es preferible evitar los restaurantes que ofrecen parrilladas a precios viles: cualquier argentino que se precie va a pasar un mal rato. A pocas cuadras de La Biela, en la Recova de la calle Posadas, el restaurante El Mirasol es quizás una de las mejores apuestas a la hora de comer carne de buen nivel. Pero si de comer se trata, la cantidad de opciones que ofrece Buenos Aires es simplemente escandalosa. Puerto Madero y Palermo lideran los barrios con mayores opciones. El primero, quizás uno de los más recomendados para los turistas, sea posiblemente para muchos porteños de ley, un sitio algo desangelado que traiga a la memoria el antiguo puerto de la ciudad, aunque no por eso deja de ofrecer todas las opciones imaginables a la hora de comer (y grandes bellezas para recorrer): El museo del Jamón es la opción española, Cabaña Las Lilas una gran opción en parrillas, también el más económico Siga la Vaca, Sotto Voce lidera en pastas y El Bistró del hotel Faena a la hora de animarse a nuevas experiencias.
En Palermo también las opciones se multiplican sin cesar. En este punto hay que aclarar que se trata del barrio más grande de la ciudad y es imposible abordarlo en su totalidad. Veamos algunos recomendados: para comer carne La Cabrera (Cabrera 5099); la mejor opción árabe es Sarkis (Thames 1101); para las pastas Guido´s (Cerviño 3943); y para sushi, Dashi (Fitz Roy 1613). De todas maneras si uno toma la Avenida Juan B. Justo (entre en el tramo que va entre Gorriti y Paraguay) como punto de referencia serán tan variadas las opciones que lo único seguro es que va a encontrar donde comer bien y pasar una noche única.

Ya no habrá más pena ni olvido
Sabemos de todo lo que quedó afuera de este pequeño homenaje y ahí, a nuestro alcance, están el zoológico, el Jardín Japonés, el Malba, el parque Tierra Santa, la costanera Sur, la feria de Mataderos, la Manzana de las Luces y nuestro orgulloso e inevitable Teatro Colón. Es la ciudad emblema de la Argentina y desde estas páginas invitamos a recorrerla, cuidarla y protegerla. Es lo menos que le debemos.


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