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El futuro del turismo europeo. En nuestro país, Croacia es un punto poco mencionado en las agencias de turismo y son contados quienes se aventuran hacia las bellezas del Mar Adriático. Es que además de ser una nación joven (existe como tal desde 1991, cuando se independizó de Yugoslavia), el país terminó una guerra hace menos de veinte años, algo que le reportó fuertes bajas en turismo, pero que pasados los conflictos, se convirtió en un nuevo punto de referencia, muy elegido por los europeos por sus bajos precios y con una fuerte proyección a futuro. Conozcan los secretos de una antigua perla que vuelve a brillar.
 
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por JOSÉ MEDRANO

Croacia. Es un país ubicado en Europa central que se encuentra geográficamente rodeado por la Llanura Panónica, el Sudeste de Europa y el Mar Mediterráneo. Croacia limita con Eslovenia y Hungría por el norte, Serbia por el noreste, Bosnia y Herzegovina por el este y Montenegro por el sur.

El país que en poco más de un año pasará a integrar la Unión Europea reconoce un pasado de gloria que se puede ver sin recorrer demasiado. Es que la vapuleada Croacia esconde tesoros del antiguo Imperio Austrohúngaro del que formó parte siglos atrás y que la ubica como un rincón en el que se mezclan arte, historia y grandes bellezas naturales. Croacia está en el corazón mismo de Europa, en una tierra bañada por las transparentes aguas del Mar Adriático, repleta de bosques vírgenes, lagos y una infinidad de islas ideales para el turista que busca nuevos horizontes.
Siendo uno de los más pequeños países europeos, cuenta con enorme cantidad de atractivos turísticos: siete Parques Nacionales, playas y fondos marinos de increíble belleza y riqueza ecológica, campos sembrados de lavanda, viejos olivares y viñedos, ciudades catalogadas como Patrimonio Universal por la Unesco y escenario de festivales internacionales y tradiciones ancestrales. Pero veamos más a fondo este maravilloso país que promete ser el futuro del turismo del viejo continente.

ZAGREB, LA CAPITAL. Esta ciudad conserva el encanto de la Edad Media, ya que es el resultado de la unión de ciudades medievales: Zagreb, dicen, está reservada para aquellos que quieran enamorarse entre sus calles, edificios monumentales y sus paisajes. A la capital de la bella Croacia se le conocen zonas importantes: la primera es Donji Grad, la ciudad baja, repleta de edificios austrohúngaros, entre los que se observan imponentes museos como el Hrvatslo Narodno Kazaliste, y las maravillosas peatonales de Gajeva y Bogovióeva ulica. La plaza principal se encuentra rodeada de palacios de estilo clásico, modernista y racionalista, y se pueden adquirir recuerdos en la zona comercial más famosa de Zagreb, la calle Llica. Otra de las arterias principales es Tkalciceva, zona de ambiente juvenil, en la que se mezclan tiendas de antigüedades con boutiques de lujo. Para los amantes de las obras clásicas se puede visitar el Teatro Nacional, pero nunca se debe dejar la Capital sin subirse a su teleférico de 1891. Además, el Mercado Dolac ofrece varios puestos de ropa en los que se encuentra -para quien no lo sabía- un célebre invento local: la corbata. También hay tiendas de flores, viandas y es un excelente mirador para observar la Catedral de Sveti Stjepan, situada en el barrio Kaptol, rodeada de casas del siglo XVII. Otra iglesia importante es la de Sveti Marko, en el barrio de Gradec, que cuenta con un toque especial: un gran techo de pequeñas tejas redondas de colores. Monumental también es la Puerta de Piedra, entrada de la ciudad en épocas anteriores; a su lado, una capilla con la imagen de la Virgen custodia la entrada. Para quienes quieran continuar con los museos, el de Arte Naif y el Atelje Mestrovic tienen grandes esculturas de artistas croatas. Pero antes de finalizar lo que bien podría llevar días de excursión, nada mejor que tomarse un café en uno de los más antiguos bares de Zagreb: el Café Zabica, que con 150 años, es la esencia misma de lo clásico.
Excursiones por Zagreb. Si lo que se busca es internarse en plena naturaleza se puede visitar el Parque del Medvednica, aquí se encuentra la cima del Sljeme, de 1.035 metros, un lugar en el que se esquía en invierno y se hace trekking en verano. La ruta comienza en Medvednica y culmina en Varazdin, un castillo barroco: en el camino se cruzan pueblos medievales, fuertes y un paisaje memorable. En esta escapada no se puede olvidar de comer el típico pollo relleno de camarones, y el Kremsnitze, una tarta rellena de crema pastelera. Luego sí, se puede continuar tras un alto obligado en el castillo de Trakoscan, lugar digno de una postal. La Capital es sólo una de las puertas de entrada a este maravilloso país.

LAS MIL Y UNA ISLAS. No sólo el emperador romano Diocleciano se fijó en el corazón de Croacia, también Marco Polo escribiría sus poemas en estas tierras y hasta Bernard Shaw se maravilló por “la perla” del Adriático. Es que además de las innumerables bellezas continentales, Croacia cuenta con 1.185 islas esparcidas en sus aguas, que se dejan disfrutar en medio del suave clima mediterráneo y con un mar, protegido por Italia, ideal para la navegación. Es que en las incontables playas de arenas gruesas y pequeñas piedras, barcos de toda Europa se cruzan en una interminable red que une una isla con otra, y con otra más de punta a punta, desde la península de Istria hasta el sur de Dalmacia. Es por esto que una de las principales atracciones de Croacia la constituyan sus playas: el país está formado por casi dos mil kilómetros de costa, unas seis mil si se cuentan sus islas, de las cuales sólo 66 están habitadas. Pero vale destacar que ninguna playa es solamente una playa, prácticamente todos los destinos están rodeados de cultura y de una historia apasionante, que llega hasta el origen del mismísimo Imperio Romano.
Recorramos entonces algunos de sus puntos más representativos del continente, y a sus islas una y otra vez.
Dubrovnik. Si la idea es hacer turismo de playa sin caer en el caos de las tradicionales costas europeas, esta ciudad ofrece los mejores paisajes, aguas de un encanto inusual y una oferta cultural que incluye edificios que trasladan a épocas donde el lujo y la ostentación eran protagonistas. Aunque todavía exhibe cicatrices de guerra -en esta ciudad cayeron más de dos mil bombas en un solo día-, Dubrovnik es de una belleza inusitada: rodeada de una gran muralla con 16 torres del Siglo X desde donde se pueden tener panorámicas impresionantes del todo el lugar, la ciudad se impone majestuosa con el brillo de antaño. Superada esta mágica vista, se puede descender a la Puerta de Pile, creada entre los siglos XIV y XV, por la que se accede a la zona más aristocrática, aquí se podrá visitar la Plaza Luza, el Palacio Sponza y la iglesia de Sveti Vlaho. Otro de los monumentos importantes es el Palacio de los Rectores y la Catedral de Velika Gospa, construida en 1192. Finalmente, la Fuente de Onofrio, de forma circular y del siglo XV, cuenta con agua potable que brota de las bocas de sus figuras.
Pero si hace calor, es hora de ir al mar...
En verano, la playa Gradska Plaza, “playa de la ciudad”, es una de las más concurridas. En general, las costas en Dubrovnik sue-len ser de arena gruesa porque se trata de una zona rocosa. Para quienes quieran probar nuevas playas, hay ferrys que llevan hasta la isla de Lokrum, una belleza ya instituida como Parque Nacional con ruinas de un monasterio benedictino, un Jardín Botánico, y una curiosidad típicamente croata: una playa nudista (vale recordar que fue en Croacia donde, en la década del 30, surgió el “naturismo” en las playas), así que si no hay pudores de por medio, el lugar es único.
Otra de las islas que se puede visitar es la de Sipan, un lugar plagado de castillos de diferentes épocas. Ésta forma parte de las tres que componen las Islas Elafiti: las otras dos son la isla de Kolocep y la Isla de Lopud, llena de obras góticas, ruinas romanas y edificios renacentistas. Un verdadero paraíso.
Split. Este lugar es el centro neurálgico de la costa dálmata y clave dentro de Croacia, se encuentra comunicado prácticamente con todo el país, y son muchos los barcos que la unen con sus islas. Por acá también se une Croacia con Italia. Vale recordar que el centro antiguo de esta ciudad está unida al Imperio Romano: fue fundada en el Siglo IV por el emperador Diocleciano, quien hizo construir su palacio, hoy en día uno de los monumentos romanos mejor conservados del mundo (adentro hay hasta esfinges egipcias, lo que llevaron a que sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco). Pero Split no sólo es cultura, también es relax, y para eso se puede visitar la playa de Bacvice, además de las muchas islas en las cercanías de la ciudad.
Advertencia: se trata de uno de los puntos más elegidos por los turistas y no es fácil encontrar alojamiento durante el verano, es por eso que hay que hacer reservas con mucha anticipación. Rijeka y la ribera norte. La bellísima ribera del Adriático norte está formada por las ciudades de Rijeka, Crikvenica, Selce, Novi Vinodolski y Senj. Todas las localidades de la ribera de Rijeka y Crikvenica son pintorescas ciudades marítimas ricas en vegetales mediterráneos, amplias playas y ofertas en descanso recreativo y diversión. Crikvenica es un destino que lo ofrece todo: entretenimientos, paseos por la costa, y una excelente oferta gastronómica. Para los amantes de la caza, la ribera de Rijeka y Crikvenica es ideal gracias a sus bosques óptimos para caza deportiva.
Rijeka, ciudad de larga tradición naviera, se alza orgullosa de su rica herencia cultural e histórica. Esta localidad, bañada por el Adriático, y emplazada en la desembocadura del río del mismo nombre, se encuentra a sólo 129 kilómetros de Zagreb. Antes de la I Guerra Mundial pertenecía al Imperio Austro Húngaro. De 1920 a 1939 fue la Ciudad Libre de Fiume. Se trata de un importante centro turístico debido a la proximidad a algunas islas adriáticas como Krk (Veglia) y su aeropuerto es de los más importantes del país. Hay una gran oferta hotelera y una industria turística en pleno crecimiento.

PARQUES NACIONALES. Croacia no sólo ofrece cultura, perlas arqueológicas y playas imponentes, cuenta también con siete parques nacionales que ofrecen un contacto directo con lo mejor de la naturaleza. El montañoso Parque de Risnjak hospeda numerosos linces, mientras que los tupidos bosques del Parque Paklenica están poblados de insectos, reptiles y aves, entre ellos el buitre leonado, en peligro de extinción. En el Parque Plitvice se pueden encontrar osos, lobos y ciervos. Éste es el más conocido entre los parque nacionales croatas y situado en la región de Lika, donde se alternan lagos, cascadas y manantiales de gran belleza. Fue catalogada en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1979 con una ampliación en el 2000. El parque tiene una superficie cercana a las 30.000 hectáreas, 22.000 de ellas cubiertas de bosques. La zona que se puede visitar se encuentra en el centro del parque, son 8 km² de valle poblado de bosques, donde la hidrografía formó un paisaje de 16 lagos de diferente altitud comunicada por 92 cataratas y cascadas. La visita a este imponente parque se realiza a pie a través de senderos y puentes de madera y los lagos más grandes son recorridos en barcas. Este lugar causa gran interés entre los turistas por algunos acontecimientos que ocurren allí, por ejemplo, las bodas al pie de las cataratas.

GASTRONOMÍA. En todas las ciudades croatas se pueden encontrar una gran cantidad de restaurantes, cafeterías, tabernas o posadas donde conocer lo mejor de su comida. Es que además de la típica cocina europea, Croacia ofrece sus especialidades, entre las que se cuenta el Pršut (similar al jamón serrano); los quesos de Pag o Lika, de cabra y queso fresco; el Kulen, similar al salame; y en Dalmacia especialidades en pescado y mariscos. Además de Pašticada, carne de buey con especias cocida en vino, hay también una gran oferta en carne; Pavo con mlinci (pavo con pasta típica), corderos y cochinillo asado. En cuanto a los postres, se destacan los štrukli o pasteles de queso cocidos o gratinados, Orehnjaca que es hojaldre de nueces o Makovnjaca, hojaldre con semillas de adormidera. Croacia tiene también una larga tradición en la producción de vinos: Terán, Merlot, Cabernet, Opolo, Plavac o Dingac, entre los tintos y los Malvazija, Pošip, Pinot o Muškat, entre los blancos.
Las formas naturales de producción de alimentos, en combinación con la gran riqueza histórica y una sorprendente diversidad de recetas típicas, garantiza la existencia de una tradición culinaria extremadamente rica en un país que sorprenderá a todos y que a la hora de comer cuesta de tres a cuatro veces menos que sus vecinos de la Unión Europea


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